miércoles, 6 de febrero de 2013



-Bony hizo una obra en el Recoleta llamada "muro", donde el tipo literalmente levanta un muro con unos obreros bolivianos. Me impresionó mucho lo que escribió sobre esta obra...
para él ese muro era el hermetismo en el que había entrado el arte, una suerte de callejón sin salida.
Estoy haciendo unos dibujos pensando un poco en eso, como un homenaje. Nada más que en este muro tiran cosas, fardos, alambres, etc...

Fragmentos de una charla con Mauro* donde Bony comenzaba a ser nuestro tema. Pero lo que más nos conmovía  era esta suerte de puesta en escena de la literalidad, donde el nombre correspondía al muro construido y el muro remitía a su nombre. En ese juego de correspondencias hay una clara intención política, no hay nada que interpretar porque ese muro no remite al arte y a su imaginario sino al mundo fabril y artesanal donde este siempre separa algo, demarca un límite, proyecta un territorio, marca un adentro y un afuera. El gesto de Bony con esta instalación apuesta a ese afuera del arte donde todas las posibles lecturas quedan encerradas dentro de ese muro, ya no hay explicaciones posibles nos parece decir: "levantar un muro, tan solo remite a levantar un muro" fin de la cuestión.

En una primera instancia fantaseamos con construir un muro de plastilina, Mauro ya venía trabajando en plastilina, y las posibilidades con ese material son múltiples y variadas, nos gustaba su textura y la misma posibilidad de derretirla para generar más masa, estuvimos meses dando vuelta con esto finalmente desistimos, simplemente porque apareció otra idea que nos seducía más, que fue la idea del baúl.
Pero no hay ideas sueltas, el baúl fue condensando ese mundo que consideramos al borde de la cultura, sin mas tradición que el hacer, un mundo casi anónimo donde se licua el presente en función del trabajo, un trabajo desligado del folclore de lo artesanal. Un mundo donde el trabajo es tan solo la posibilidad de seguir haciendo porque es lo único que se sabe hacer.

En esta coyuntura entendimos las diferencias de nuestras inquietudes y los límites de nuestra propia concepciòn del arte, donde buscamos limar lo biográfico de nuestra historia, para que el proyecto cobre vida, no nos interesaba nuestro origen como lugar fundacional de nuestro discurso, sino experimentar la gravedad  de todo proceso que en su camino interviene en un grado muy sutil en la percepción de las pequeñas cosas que hacen a una vida. Una vida es un trabajo, una manera de manifestarse a través de un oficio, una forma muy particular de mostrar un perfil y de esconder otro. El oficio es una distancia necesaria para poder manejar los materiales de la manera mas sencilla. Es ponerse en el lugar del material para que la percepción haga su trabajo, es supeditarse al devenir del presente que encuentra su borde justamente en el próximo trabajo, no hay grandes distancias tan solo las que van de un turno al otro. En la posibilidad de este mundo la figura del artista es un lujo innecesario, una forma de ruido que reclama demasiada atención y desatiende el hecho concreto de la labor con las manos.

Como bien se sabe la figura del artista se comenzó a erigir en el renacimiento cuando se comenzó a diferenciar de los artesanos y del oficio entendido como algo mundano carente de poesía y de belleza, entendiendo a la belleza como un espectáculo sublime. Esta figura del artista con el paso de los tiempos se fue agigantando hasta alcanzar dimensiones wagnerianas, heroicas y contradictorias hasta finalmente transformarse en un estereotipo sobre como son los artistas para la sociedad de su tiempo.
Hoy la palabra artista carece de significado, es un rotulo semántico que designa un espacio vacío que se llena con cualquier pretensión, frente a este estado de cosas nuestra investigación nos llevo a pensar en que los talleres son como lugares fuera de la cultura (letrada), lugar donde el valor se forja al calor de las manos, en contacto directo con el material.

La construcción del baúl (el trabajo total es de Mauro) es la posibilidad de esa crudeza, del trabajo hecho, efectivo, terminado. Por decisión nosotros estamos fuera del muro, no nos interesan las explicaciones de las explicaciones ni las metáforas y al decir de Kafka "las metáforas desesperan" por eso elegimos la literalidad del trabajo, su esfuerzo y los efectos sobre el cuerpo: la dedicación, la pericia, el ingenio, la imaginación y el cansancio.


*Fragmento extraído de mi diario personal.









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